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La transformación digital debe reafirmar a la persona como el centro de la prevención de riesgos laborales

 

La enorme disrupción tecnológica que vivimos actualmente brinda un gran número de oportunidades a las organizaciones en materia de seguridad y salud laboral

 

Si los futuros historiadores tuvieran que estudiar y describir el tiempo actual que vivimos, es muy probable que se refirieran a la transformación digital como uno de sus aspectos más característicos y definitorios. La que muchos ya se atreven a calificar como la tercera Revolución Industrial no solo está introduciéndonos en un nuevo mundo de avances y desarrollos técnicos aplicables al ámbito productivo o económico, sino que además está condicionando y haciendo evolucionar el ámbito social, nuestros sistemas conceptuales y la organización y gestión de nuestra vida personal y cotidiana. Por esta razón, muchos de nuestros contemporáneos incluso se atreven (sin faltarles razón) a establecer un estrecho paralelismo entre este momento de cambio y el que introdujo a la humanidad en el Renacimiento del siglo XV.

 

Esta transformación digital está conllevando tales cambios en todos los aspectos de nuestra vida personal, social y profesional que podríamos decir que se trata de una auténtica disrupción. Las finanzas, las ciudades, la industria, el comercio, la sanidad, la agricultura, la educación y un larguísimo etcétera de ámbitos y sectores se están viendo absolutamente transformados por tecnologías y conceptos como Internet of Things, Big Data, Inteligencia Artificial o Blockchain. En este sentido, y como es lógico, el mundo del trabajo no es ajeno a esta realidad disruptiva, sino que, muy al contrario, se erige como uno de sus grandes protagonistas.

 

Las organizaciones son al mismo tiempo sujeto y objeto de la transformación digital. Del mismo modo, las personas que forman parte de ellas son impulsoras y receptoras de estos cambios a la vez. Así, la disrupción tecnológica impulsa una serie de avances evidentes en el aspecto técnico de cualquier entidad, lo que repercute no solo en sus procesos productivos, sino que también en los organizacionales. Sin embargo, nos equivocaríamos si nos detuviésemos exclusivamente en la consideración de la dimensión técnica de todos estos cambios, por muy disruptivos que sean. El progreso tecnológico (sin precedentes) que está impulsando este momento histórico ha sido pensado y sigue siendo desarrollado por personas, del mismo modo que somos las personas las principales receptoras de estas innovaciones. Por tanto, no podemos obviar el trasfondo cultural que se está consolidando en torno a esta transformación digital.

 

Este cambio cultural y técnico, está cambiando profundamente la operativa, la estructura organizacional, los procesos productivos, las capacidades y las herramientas de las empresas. En este marco, la seguridad y la salud laborales, como parte de ellas, deben evolucionar al ritmo del progreso tecnológico e incorporar todas las innovaciones que permitan su mejor gestión, pero sin quitar la vista de su razón de ser: los profesionales que forman parte de las organizaciones.

 

A principios de año, Servicios de Prevención Ajenos (ASPA-ANEPA) participaba en la firma y lanzamiento de un código ético en materia de Prevención de Riesgos Laborales. Precisamente, en la introducción del mismo, las asociaciones firmantes destacaban en primer lugar que “la seguridad y salud de los trabajadores se constituye como la razón de ser de los servicios de prevención ajenos. La salvaguarda de las personas en el marco laboral y su reflejo en la sociedad exige que los servicios de prevención ajenos actúen bajo estrictos parámetros de calidad, legalidad y ética”. Esta evidencia ha de ser tenida en cuenta y recordada siempre en la planificación y ejecución de los planes y acciones de gestión de la prevención en nuestras organizaciones. La llegada de la conocida como PRL 4.0 no nos debe alejar de esta razón de ser fundamental, sin la cual, hasta la herramienta digital más básica que se incorporase a la labor preventiva perdería sentido.

 

La transformación digital ha traído consigo nuevas formas de trabajo, tipo de organizaciones y perfiles profesionales que requieren la adopción de una estrategia de seguridad y prevención de riesgos laborales, adecuada y adaptada a cada uno de ellos. Precisamente, en el pasado mes de febrero se celebró el Salón Internacional de la Seguridad SICUR 2018, en el que las propuestas con un carácter altamente innovador aplicadas al ámbito de la seguridad y salud en el trabajo fueron las protagonistas del sector preventivo.

 

Realidades como la industria conectada (o industria 4.0), la robotización, el trabajador digital conectado nos sitúan ante nuevos escenarios en los que la transformación del trabajo trae consigo nuevos riesgos (que hay que saber prevenir) y oportunidades (que hay que saber aprovechar).  Ante todo, hemos de ser conscientes de que esta disrupción digital alcanza a las organizaciones y tiene efectos directos en su naturaleza y procesos productivos, pero tendremos que actuar en consecuencia con la evidencia de que estos cambios repercuten directamente en los trabajadores.

 

Son las personas que forman parte de las organizaciones las que han de liderar y “dominar” estos procesos de desarrollo tecnológico, y no al revés. Por esta razón, esta disrupción conlleva un imperativo primordial para las empresas que pasa por la formación de los profesionales. Empoderar al trabajador, dotarle de herramientas y conocimiento para que realmente sea la persona el centro de esta transformación digital ha de ser un objetivo clave para las organizaciones. En esta línea, la Prevención de Riesgos Laborales ha de adherirse a esta finalidad fundamental y hacerla propia. La razón de ser de los servicios de prevención, tanto propios como ajenos, va más allá de la sencilla ejecución de acciones de gestión de la seguridad y salud en el trabajo porque también ha de velar por el diseño y la implementación de estrategias que velen por el bienestar físico, psíquico y emocional de los profesionales en sus lugares de trabajo.  Ellos deben formar parte activa y proactiva de la adopción de esta nueva cultura digital, alejándola siempre de cualquier tentativa de suplantar el valor insustituible de la persona en los procesos productivos, garantizando la formación de los profesionales en nuevas tecnologías y custodiando unos parámetros óptimos de seguridad y salud en los innovadores puestos de trabajo que trae consigo esta cuarta Revolución Industrial.

Óliver Martín.

Gerente y coordinador de Servicios de Prevención Ajenos ( ASPA&ANEPA)

 

 

 

 

 

 

 

2018-04-17T11:32:03+00:00 abril 17th, 2018|Noticias, Sin categoría|Sin comentarios

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